El origen del universo y el balance de las energías femenina y masculina: ¿Mito o realidad científica?

Desde la teoría del Big Bang hasta la filosofía del Yin-Yang, la humanidad ha intentado entender el origen del universo a través del equilibrio de fuerzas opuestas. ¿Y si la ciencia y la espiritualidad no estuvieran tan separadas como pensamos? Este artículo es un extracto de mi próximo libro, un viaje de sanación y autenticidad, donde exploro cómo reconectarnos con nuestra verdadera esencia y encontrar el equilibrio dentro de nosotras mismas.

La civilización de hoy cree que tiene la verdad de la creación y el origen del universo, ambos los creacionistas y los quienes aceptan la cosmología del big-bang. Y aunque muchos dirían que éste último es el concepto científico y es racional, sigue teniendo aún componentes esotéricos y místicos. Primero no deja de ser una teoría, y a pesar de que está respaldado por la ciencia y las matemáticas de la relatividad general apuntan a que existió un big-bang y de que seguimos en medio de esa expansión, tiene muchas variables desconocidas. Por ejemplo, no tenemos la certeza de que había antes y “qué” fue lo que desató la explosión de nuestra creación. Es decir, la única manera que tenemos hoy de intentar entender ese origen es a través del simbolismo, la imaginación y la metafísica, lo que no está muy alejado de lo que nuestras culturas ancestrales entendían su origen. Que aunque no tenían un método científico definido y “universal” o algo llamado “peer review”, se basaban en el principio de la observación y la teorización a través de eso que observan para explicar el origen de su mundo su cosmología. 

En la mitología china del Tao, por ejemplo, la creación del universo no está muy alejada de la explicación del big bang. El Dao, un vacío que no puede entenderse o explicarse, y que está lleno de todas las posibilidades dio origen al universo. Tal y como la singularidad de la que habla la relatividad o el vacío del que habla la física cuántica. De allí, nacen el Yin y el Yang, dos principios fundamentales de donde se genera el movimiento y cambio del universo. El yin representa la energía receptiva, la pasiva, femenina y la oscuridad; que también está asociada con la luna, la noche, la introspección y el agua. El yang por su lado representa la energía activa, la luz lo masculino y cálido. Y se asocia con el sol, el día, la actividad y el fuego.  Ambos, el yin y el yang deben vivir en armonía para existir. No pueden vivir independientes uno del otro, y su constante impermanencia son los que dan origen al flujo del universo. 

Si lo interiorizamos un poco, esta descripción no está muy alejada de cómo los físicos describen el universo hoy. Para ellos el universo es una danza constante entre la materia visible, lo que podemos ver,  observar y cuantificar en el universo con la energía oscura, que no podemos ver ni cuantificar directamente. Esta última es la responsable del balance y la armonía entre las galaxias y el universo en general. Aunque solo podemos ver y medir la luz de la estrellas e incluso la masa de los agujeros negros, la energía oscura solo puede inferise y calcularse según el relacionamiento y la interacción gravitacion de las galaxias. 

La energía oscura es misteriosa, silenciosa, oculta para nuestra sentidos, pero eso no la hace menos importante. Es fundamental, sin ella las galaxias y la armonía en la danza perfecta no existirían, y sin las galaxias, no habría sistemas como el sistema solar, y sin el balance de estos sistemas no existirían la estabilidad de los planetas, y sin esa estabilidad no existiría vida. El universo sería un permanente caos de energía expandiéndose sin ningún orden para formar los elementos y los materiales que hacen posible la vida. Si esta energía oscura por algún efecto físico comenzará a convertirse en materia visible, pasaría lo contrario. El universo se contraería o colapsaría en el “Big Crunch” y la vida, es decir nosotros no podríamos existir. 

El taoísmo no es la única filosofía que habla de balance entre fuerzas para que el universo y la vida puedan existir. La cosmovisión Andina, o de los Inkas, hablan de Wiracocha el cosmos que nace en el lago Titicaca y la Pachamama, la tierra creadora de vida. En la cosmovisión Hindú, tenemos a Shiva y Shakti. Shakti como esa fuerza estática y potencial y Shiva la fuerza creativa y en movimiento, un equilibrio necesario para el origen del universo y de la vida misma. 

Así que podríamos decir que en nuestra historia ancestral, e incluso en nuestra historia moderna, hay un balance casi divino de fuerzas luminosas y obvias que podemos ver – la energía masculina- y de fuerzas sutiles que hacen posible la armonización de la materia para que pueda dar origen a la vida, a lo orgánico,  a lo natural, a lo esencial, a lo puro, a lo maleable, a lo irremplazable – la energía femenina. Casi como si fuera una ley universal que nos permite entender e interiorizar no solo la creación y  el origen de nuestro universo, sino el balance que lo mantienen fluyendo a través del tiempo. Vivimos en una dualidad y esa dualidad es la que hace al universo posible. 

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